El surgimiento del Estado Moderno

Thomas Hobbes (1588-1679), John Locke (1632-1704) y Jean-Jacques Rousseau (1712-1778), desarrollaron diferentes teorías sobre el Contrato Social, para explicar la necesidad de la política y de las relaciones de dominación; es decir, la necesidad de la existencia del Estado.
Ellas sostienen que a través de un Pacto o Contrato Social, los integrantes de una sociedad transfieren a un poder centralizado la capacidadnde organización de la vida en común.

Hay muchas cosas que podemos aprender del libro de Hobbes, pero creo que hay sobre todo dos que él quiere que entendamos, que conservan hoy todo su interés. La primera está sugerida por el mismo título del libro: Leviatán, que es el nombre que Hobbes da al Estado. Al llamar así a su libro, lo que Hobbes subraya es el hecho de que su teoría política es, en sentido estricto, una teoría del Estado. Es decir: Hobbes insiste en que el poder político supremo es la propiedad, no del soberano ni del pueblo, sino de la persona artificial del Estado. Como dice al comienzo de su libro, lo que a él le interesa no son los hombres sino, en abstracto, la sede del poder. Ahora bien: si el Estado es una mera abstracción, una persona artificial, se vuelve difícil entender cómo puede ser al mismo tiempo el nombre de la persona que detenta el poder último sobre nuestras vidas. ¿Cómo puede una abstracción mandarnos a prisión o declarar la guerra? Uno de los principales logros de Hobbes como filósofo político es haber dado una clara respuesta a esta pregunta: el Estado es capaz de actuar —dice— si y sólo si está representado. Y el Estado es capaz de actuar legítimamente si y sólo si nosotros, los miembros individuales de la población, lo autorizamos a representarnos. Hobbes llama soberano al representante del Estado, y afirma que el Estado es capaz de actuar porque el soberano está autorizado a actuar en su nombre. Pero las acciones del soberano son apenas las de un actor, las de alguien que representa un papel. La esencia de la teoría de Hobbes es que la persona que tiene que asumir la responsabilidad por las acciones que realiza el soberano es la persona del Estado, que es quien en verdad detenta la soberanía. Esa es, básicamente, nuestra comprensión contemporánea acerca de cómo es posible para los Estados actuar, y de qué es lo que distingue a la buena de la mala representación de la autoridad del Estado. Y Hobbes ofrece la mejor explicación que se haya dado jamás acerca de estos conceptos.
La otra cosa que Hobbes quiere enseñar a sus lectores es la naturaleza de nuestra obligación, como ciudadanos, de obedecer al Estado. Al final de su libro, Hobbes subraya que lo escribió con el único propósito de establecer una teoría particular de la obligación política, y por cierto me parece que el concepto de obligación está en el corazón de su trabajo. Aquí también Hobbes nos presenta un argumento simple y desafiante: sostiene que las bases y los límites de la obediencia política residen en la capacidad del Estado para protegernos. Si efectivamente somos protegidos, entonces estamos obligados a obedecer; si el Estado falla en su obligación de protección, entonces dejamos de tener el deber de obedecer. Notemos que aunque fue un realista en su propio tiempo, Hobbes era un enemigo declarado del legitimismo: para él, no puede haber algo así como un "derecho a mandar". El "test" del gobierno, para él, es siempre pragmático: se trata en cada caso de saber si el gobierno es o no es capaz de protegernos del daño que, de otra manera, nos haríamos unos a otros. Mi opinión es que Hobbes dice aquí algo profundamente verdadero. Independientemente de qué otras cosas puedan o no puedan los Estados hacer por nosotros, lo más básico que deben hacer por nosotros es ofrecernos protección. La prioridad de Hobbes es la necesidad del Estado de protegernos de nuestros conciudadanos. Ciertamente, Hobbes no tiene nada que decir sobre el peculiar horror del mundo moderno en el que tantos ciudadanos necesitan protección frente a los actos terroristas perpetrados contra ellos por sus propios Estados. Pero Hobbes tiene sin duda razón al enfatizar que la protección es el primer deber de los Estados. Después de que han asegurado esa protección pueden considerar objetivos más elevados, como la provisión de justicia y bienestar. Pero primero, y antes que nada, deben proveernos seguridad.

  Entrevista realizada al especialista Quentin Skinner (fragmento);
publicada en Clarín el 8 de julio de 2001